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Cuando te tuve en mi vientre,
milagro fue de esperanza,
de acurrucar no se cansa
para que el frío no entre.
Tenerte siempre presente,
cautiva de tu sonrisa.
Yo le cantaba a la brisa
entonando un arrorró ,
que en mis labios se posó
y ahora cántame una isa.

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Es humilde en bien nacido
que en una triste cabaña
de un fruto la musaraña,
espantándola del nido.
Hace del lugar quejido
toda suerte de fortuna.
Se enreda como ninguna
y al tejer su desafío,
se le calienta del frío
como el aplauso en tribuna.

(Untitled)

Chapoteaba un pajarillo
desvanecidas sus alas
después de aquellas dos balas
desde el almud, hasta el trillo.*
El peso de aquel martillo
en el agua se movía.
Pensó el dueño que veía
quién se come la cosecha
agonizando la endecha
quien a su trino volvía.

almud: medida de capacidad para granos.

De Simón……

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Fueron tus ojos canela
en el frente de esperanza
ese fiel de la balanza
¡oh! en el mar la luna riela.
Abres de amor su cancela
por mi sed de bebedor.
El capullo abriendo en flor
y de espinela su blusa
para que brille la musa
da una arenga el versador.

 

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¡Jesús, la Santa Compaña!
que “hervir” de escalofrío,
yo de brujas ni me río
y en presignares, la caña.
Del agua bendita baña
los males del mal augurio.
Es ver la fiebre el mercurio
y subirte un sofocón,
los ojos son corazón
de un pecado en el perjurio

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No se marchiten luceros
si el vino que da la parra
en una noche de farra
fue hormigueo en desesperos.
Uno, dos, que acabe en ceros
en el perder de la cuenta.
Es que cuando el diablo tienta
la candela pega el fuego
no me pregunte ¡le ruego!
que soy haber en su venta.

(Untitled)

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(Untitled)

 

En los pétalos de rosas
se desgranaban los días,
del corazón en estrías
lloran las tardes jocosas.
En esas noches frondosas
la musa se vuelve estrella.
La luna se torna en bella
y en su brillante fulgir,
hace al más pobre reír
buscando el reflejo de ella.

(Untitled)

No se marchiten luceros
si el vino que da la parra
en una noche de farra
fue hormigueo en desesperos.
Uno, dos, que acabe en ceros
en el perder de la cuenta.
Es que cuando el diablo tienta
la candela pega el fuego
no me pregunte ¡le ruego!
que soy haber en su venta.