La Mar, Siempre La Mar

La mar, siempre la mar.

La Mar, Siempre La Mar

La lluvia en los cristales presagiaba la partida de aquellos amantes furtivos, ladrones de caricias.
Segundos antes, como tantas veces, se habían prometido el olvido de aquellos encuentros, a escondidas del resto del mundo, ambos estaban comprometidos.
Aquella desvalijada habitación tantas veces cómplice de sus temores, guardaba sus más íntimos secretos. Y hoy sintió en sus viejas y descascarilladas paredes la renuncia a un amor imposible.
Ambos volverían como en otras ocasiones, al lugar donde es el mismo diablo quien soplaba a sus deseos, torbellino de caricias que los llevaban al reino de lo prohibido.
Juan entró campechano, ¡era tan varonil ! . Pensar en no poseerlo ya producía la angustia del desespero. . Era la personificación del pecado y ella quería pecar.
Pecar persiguiendo cada uno de sus vicios.
Recostada en las sábanas de lino, su cuerpo sólo llevaba el liguero negro a juego con las medias. Su mayor locura, un instante para quela recordara clavada en sus pupilas verdes.
Ambo se entregaron con verdadero fulgor a aquel juego amoroso, por el cual el razonamiento se convertía en una bullanga callejera. Pero su rival era más poderosa que cada uno de sus gemidos. haciendo de cada caricia un cuento, un sinfín de paisajes recorrían su mente, en aquella entrega donde la locura buscaba amparo por cada recoveco de dos cuerpos febriles. hasta saborear el manjar de la ambrosía.
Ante su poderío la mar bravía lo llamaba, dejándola desconsolada, mustia, marchita.
En aquel adiós de sus penares, el marinero tornaba a sus placeres, La mar era su diosa. La tormenta su alimento,
Lo llamaba la mar entre las brisas de un silbido, lo apartaba lisonjera de sus labios rojos. de sus blancos pechos entre caricias de cómplices furtivos.
Se murmuró el adiós, aquel adiós donde sus ojos chispeaban a espuma blanca, y el verde de sus ojos tornaba en verde musgo.
Aquella misma noche en plena tormenta lo arrancaba de su lecho, sobraban las palabras,
Nos veremos en otra ocasión le musito al oído, vuelve pronto, la mar, siempre la mar. al capricho de su antojo.

 

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