En La Humilde Choza

En la humilde choza de la costa. a la orilla del mar, el viento soplaba cada vez con más fuerza. Nuestros cuerpos, en el catre, desnudos se buscaban para acariciarse, mientras el viejo reloj marcaba las diez de una noche tormentosa. os rayos se veían cada vez más cerca y los truenos por momentos parecían oírse más.
Nuestros cuerpos entrelazados se besaban con el pecado de dos adolescentes buscando el deseo en la ternura.
Abrió mi concha anacarada buscando el punto g, mientras yo crujía de placer.Un trueno sonó más fuerte, o me parecía a mi.

 

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