Décimas De Dos( Una Poetisa y Un Poeta)

Nieves Clemente, Canarias

Llévame amor al infierno
donde me quemes las alas
pues son tus ojos dos balas

como gotas del invierno.
Buscando el placer eterno
de tu boca arrebatada.
Lujuriosa, descarada
se desliza con usura
buscando la mordedura
de la manzana encarnada.

Joé Granado, Caracas

Dame la fruta encarnada
para morder con ternura
y disfrutar la dulzura
de un beso y una mirada
escuchar tu voz, amada
y que tu seas mi gobierno
disfrutar de lo más tierno
haciendo del amor gala
si he de volar en tus alas
llévame amor al infierno.

 

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Siendo Un Dardo

Siendo un dardo envenenado
a la conciencia ligera
se revuelve como fiera
con fuerza de un condenado.
Cuando estoy cerca, a tu lado
la palabra se agiganta,
y resuena en la garganta
un canto de libertad
versando por la igualdad
hasta sus miedos espanta.

Decirles Quiero

Decirles quiero lectores
que mi pluma va sangrando
mientras mi boca glosando
les va dejando sus loores.
Pensamientos sabedores
de la humana condición.
Yo verso del corazón
pongo el alma por testigo
esa luz que del postigo
se llama la inspiración

Era La Luna

Era la luna cuajada
cuando tus labios morenos
a los míos dan venenos
dejándome enamorada.
Llegando la madrugada
libo mi boca en tu flor,
se apasiona tu rubor
entre mi cuerpo candente
vente, pero al lecho, vente
para un susurro de amor.

Lucifer Existe

Lucifer existe, estaba en la mirada candente que tenía frente a mí en el bagón del tren que nos llevaría desde el mar hasta la sierra para tomar aguas termales. Debido al clima húmedo de la costa mis pulmones se quejaban con melancolía.
El tren seguía ascendiendo por la montaña cuando un estremecimiento me  de rodillas en mitad de sus piernas abiertas y con la cara sobre su abultado sexo que se disponía en un arranque de valentía a saltar de la cremallera en dirección de mis carnosos labios.
En el pequeño cajón en donde nos encontrábamos no olía a ajo y perfume barato,  el aire olía a sexo.
Mis muslos chorreaban como un manantial fresco entre aquel éxtasis que fluía desde mis zonas eróticas.
Aquel monstruo de hierro aminoraba su marcha, era la hora de salir al pasillo y encontrarse con los familiares.
Lo vi abrazando a una elegante piel blanca que lo esperaba en el pequeño anden de la estación.  Íbamos a coincidir en lugares sociales por algunos años.
Sentí pena de ella, su esclavizada esposa que tendrá que sufrir los celos de las que como yo lo disfrutamos una noche.

Derrama El Agua

Derrama el agua en la fuente
dame a los labios ternura
de tu cuerpo la hermosura
comenzando por la frente.
Entre la yesca caliente
mis placeres se desbocan.
Cuando las pieles se tocan
el alma torna dichosa
y los pétalos de rosa
a tus caricias evocan

De Nieves Clemente y José Granado

Nieves Clemente ( La Palma,Canarias)

De los nocturnos placeres
que el destino me convida
untada llevo la herida
la herida de las mujeres.
Voy glosando mis saberes
de una sinuosa figura.
Es un Dios en escultura
que a las delicias convoca
sintiendo como una loca
el placer de tu dulzura.

José Granado ( Caracas, Venezuela)

EL PLACER DE TU DULZURA
está presente en mi boca
por eso mi mente evoca
nuestros besos sin censura,
mis manos en tu cintura,
la fusión entre dos seres,
ocasos y amaneceres
que van sanando la herida
aunque ella se encuentra henchida
DE LOS NOCTURNOS PLACERES.

 

El Pescador y Sus Dos Amores

En aquellos amaneceres cuando las brillantes gotas de roció cuajadas por la luna llena,  cómplice de nuestros caprichos,  se evaporaban con los primeros rayos del astro rey, llegaba la interminable despedida.
El gallo cantaba su último canto cuando Ricardo traspasaba el umbral de la puerta de la cocina con rumbo a su otro gran amor,
La mar lo estaba esperando, con su pequeño bote hecho de madera de pino. La pequeña embarcación nos traía el sustento que más tarde desde la costa al valle iría vendiendo casa por casa y puerta por puerta.
En aquella ocasión se detuvo en la espera de mis apasionados besos y ruegos para que no se echara a la mar.
Esta se teñía de oleaje y los cantos rodados de las piedras anunciaban tormenta pero aún así no cedió a mis ruegos.
En cada poro de su piel, llevaba el sabor salado por el salitre de aquella hembra, la mar, que lo seducía, lo enloquecía en su bravura.
Se temblaba ante mis caricias como una suave brisa mecida por el viento, mis palabras ardientes se interrumpían con mis apasionados suspiros cuando lo cabalgaba esperando con ansias aquellas oleadas de placer que me quemaban las entrañas, mientras estos espasmos me producían una cálida llegada de nuevas emociones que invadía mi lozano cuerpo.
La casucha marinera quedó vacía. tras la puerta esperando su regreso, esperaría verlo aparecer por el poniente. Lo amaba por frenesí.
Lo vi transponer en el horizonte con los ojos rojos ante el encuentro del océano donde su libertad era absoluta, desnudo,  lucía su hombría sin pudor, sin recato.
La marea seguía subiendo cuando escuché su silbido pletórico de felicidad,
Lo desnudé de aquellas ropas mojadas y lo conduje al tálamo nupcial donde ambos,  sabedores de nuestros placeres, nos recorríamos con las lenguas para encender el cirio de nuestras alocadas y voluptuosas pasiones.
La pequeña vela que nos alumbraba proyectaba en el espejo del armario de la alcoba dos figuras rojas, devorándose en la misma llama cómplice de nuestros caprichos.
Entre las dos hembras, la mar y yo, conseguíamos hacer feliz a aquel hombre que las dos compartíamos, ella le amaba lo mismo que yo cuando lo lamía con sus baños de olas marinas, un sentimiento que ninguna otra mujer podía hacerle sentir.
De aquellos abrazos, cuando hacíamos el amor comprendí que nos necesitaba a ambas. Tocar mi piel llevándole a los abismos terrenales, cuando su lanza se introducía en mis Columnas de Hércules pudiendo derramar su esperma en tierra fértil, que era una matriz ansiosa de ser preñada por aquel macho que respiraba hombría en todo su ser.
Cuando nació nuestro primer retoño, con los ojos verdes del color de las aguas mansas, la profecía se había cumplido.
La curandera me había enviado a tomar siete olas en cuarto creciente, pues no era posible quedarme preñada después de años de matrimonio, y el color de sus ojos era marino….

Dame El Placer

Dama el placer de tu boca
de tu cuerpo la lujuria
de mi llevarás la furia
en querer como una loca.
Adoro el sabor a moca
y tu piel de otros lugares.
Presto dale tus manjares
a mis mundanos placeres
son tus besos mis quereres
como las flores de azahares.

 

Si Llega El Frío

SI llega el frío esta noche
entre tus brazos ardientes
serán tragos de aguardientes
lastimosos de reproche.
Amor, pongamos el broche ,
la luna sea el testigo.
Quiero amanecer contigo
mientas la luna se oculta
la maestra siendo culta
nos bendice en el postigo